31 marzo 2006

Soledad

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostro de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primaveras de cambio
y de ultimo vagon

tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesion
por colores
tamaños
y promesas
por epoca
por tacto
y por sabor

sin un temblor de mas
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos

estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldicion

mis huespedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mirostro de vos

pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como viveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada

las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada

ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.



autor: Mario Benedetti





El dolor en sí mismo no es un mal que tengamos que evitar a toda costa.


El dolor es un maestro que nos puede enseñar muchas cosas.

El dolor nos instruye, nos dice que cambiemos, que dejemos de hacer una cosa y emprendamos otra, que dejemos de pensar en cierta forma y empecemos a pensar en forma diferente.

Y cuando nos negamos a escuchar al dolor y a sus enseñanzas, lo único que nos queda
es convertirnos en escapistas


Efectivamente, lo que decimos es:
no voy a escuchar, no voy a aprender, no voy a cambiar.



Las personas abiertas y que van creciendo no toman a regañadientes la pedagogía del dolor y buscan el cambio.
Intentan respuestas y correcciones adecuadas.

Los otros no escuchan las enseñanzas del dolor.

Se contentan con establecerse y vivir con el 10 % de su potencial humano. Se contentan con morir, sin haber realmente vivido.

Mediante las verdaderas y permanentes relaciones del amor, podemos recobrar la aceptación de nosotros mismos, la realización de lo que valemos.

Si poseemos estas dos cualidades, todo lo demás se irá desplazando en dirección
del crecimiento, por el sendero de la paz.

Cuando faltan el amor y el sentido del valor personal, lo único que queda es
una existencia parcial.

Y así solo podremos lograr una fracción de lo que pudimos haber logrado y sido.

La Gloria de Dios que consiste en que la persona viva plenamente, habrá quedado recortada.

Aprendamos del dolor.






Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,

y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.



Un año y otro año caerán como hojas secas

de las ramas del árbol milenario del tiempo,

y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,

se alejará en la sombra creciente del recuerdo.



Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,

y quizá, poco a poco, dejaré de hacer versos,

bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,

de las desilusiones y los aburrimientos.



Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,

dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.



Acaso nos veremos un día, casualmente,

al cruzar una calle, y nos saludaremos.

Yo pensaré quizá: " Qué lindo es todavía."

Tú quizá pensarás: " Se está poniendo vieja "

Tú irás solo, o con otra. Yo iré sola o con otro.

o tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.



Y seguirá muriendo la vida, año tras año,

igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.



Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,

o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.



Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,

pensaré en ti un instante, pero cada vez menos....



Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;

pero ya no habrá un nombre de hombre en mi sueño.



Yo ya te habré olvidado definitivamente

y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.

(Y quizá, para entonces, al cruzar una calle,

nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)



Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,

las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.

Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,

te pasarás las horas bostezando y sonriendo.



Y cada primavera renacerán las rosas,

aunque ya tú estés viejo, y aunque yo me haya muerto



autor: OJIMIEL







Levé las anclas y zarpé a mi puerto,
que me aguardaba en soledad y calma;
en el tuyo dejé sentido y alma,
y aunque vivo por ti, sin ti estoy muerto.

Sólo tu nombre me ha quedado intacto
como un beso en los labios, que renace
cada vez que te llamo, tenue enlace
para quien ha perdido tu contacto.




Sola

En orfandad, tan sola sobre el lecho
que, ara de templo, te ofrendara un día
al dios de la pasión, la fantasía,
bajo la piel de un hombre insatisfecho.

Y tú le ofrecerías cada pecho
para la sed, y abierta travesía
por cada zona de tu geografía
para domar sus fieras al acecho.

Y él te daría tanto, tanto, tanto…
Y te dio soledad y desencanto,
de ti colmado, ajeno a tu vacío.

Y me crucé en tu senda, tú tan triste.
¿Vienes conmigo, amigo?, me dijiste.
Y hoy, si te llamo 'amor', añades 'mío'.

¿qué mérito tendría? Para amarte
deberé conjugarte por activa.

Y sólo podré hacerlo si, consciente
de mis acciones, corazón y mente
te asediaran, e hiciérante cautiva.
A ti me acerco





De nuevo sola

De nuevo sola, sobre lecho adverso,
tan amplio para ti, tan soledosa,
con ese abrazo de estrenada esposa
en leoncito de peluche inmerso.

Pero hoy no es desamparo, es el reverso
de ese ayer que, ya imagen nebulosa,
si no en olvido, en repulsión reposa;
hoy es trova cantada verso a verso.

Como rumor lejano, ciertamente,
pero claro su tono y elocuente,
febril susurro erótico inmediato.

Oh, sola, no tan sola, desolada,
abrazada al peluche y a la almohada,
por ti mi corazón toca a rebato.




Debo saber de ti. Si te ignorara,
si a tu entraña gentil no descendiera,
no te podría amar como debiera,
serías sólo un músculo, una cara.

Quiero, sin renunciar a la corteza,
ver las luces despiertas en la mente,
el fuego ardiendo en el hogar, y el puente
que une al sentir sentidos y fiereza.



autor: Francisco Álvarez Hidalgo


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